El último de los Mohicanos

Capítulo XIV

Guardián. —Qui est là?

Puecelle. —Paisans, pauvres gens de France

Enrique VI.

Durante la escapada de la zona fortificada y hasta que no estaban bien adentrados en el bosque, ni un solo miembro del grupo pronunció palabra alguna, ni siquiera en voz baja. El explorador volvió a ocupar su lugar como guía; aunque sus pasos, una vez que considerara que mediaba una buena distancia entre ellos y sus enemigos, se iban ralentizando poco a poco como consecuencia de su total desconocimiento de esa parte del bosque. En más de una ocasión tuvo que consultar con sus aliados mohicanos, señalando hacia la posición de la luna y examinando cuidadosamente la corteza de los árboles. Durante estas breves pausas, Heyward y las hermanas escucharon atentamente; sus sentidos tan agudizados por los peligros experimentados que podían ver claramente que sus enemigos se encontraban lejos. En aquellos momentos, daba la sensación de que el territorio en toda su inmensidad se encontraba dormido; el bosque entero estaba en silencio, salvo por el insistente rumor de alguna corriente de agua. Las aves, las bestias y el hombre —si es que había alguno— parecían estar todos sumidos en el más profundo sueño. Sin embargo, el sonido del arroyo, aunque apenas perceptible, les alivió de cualquier duda acerca de dónde debían dirigirse y fueron a su encuentro.

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