El último de los Mohicanos

Capítulo XXV

SNUG. —¿Has escrito el papel del león? Por favor dámelo, si puede ser, ya que soy lento para aprendérmelo.

QUINCE. —Puedes hacerlo en poco tiempo, sólo se trata de rugir.

El sueño de una noche de verano.

La escena comprendía una extraña combinación de lo absurdo y lo solemne. La bestia continuó con sus incesantes y aparentemente insignificantes movimientos, aunque su intento lúdico de imitar la melodía de David no se prolongó una vez que éste hubiese abandonado el lugar. Las palabras de Gamut fueron dichas en su lengua nativa, y aunque Duncan presentía que portaban algún significado, no se entretuvo en ponderar sobre el mismo. El jefe, por su parte, quiso poner fin rápidamente a todo el asunto, ya que avanzó hacia el lecho de la enferma e hizo que se fueran todas las mujeres que la atendían y que se habían reunido en grupo para ver las acciones del desconocido. Le obedecieron, aunque no sin cierta reticencia. Cuando se oyó el eco de la puerta que se cerró al otro extremo del pasadizo rocoso, el indio señaló hacia la insensible forma de su hija y dijo:

—Que mi hermano muestre su poder.

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