El último de los Mohicanos

Capítulo XXXIII

Lucharon como valientes, muy bien y durante largo tiempo, llenaron el suelo de musulmanes muertos, Conquistaron, pero Bozzaris cayó, sangrando por todas sus venas. Los pocos camaradas suyos supervivientes vieron que sonreía cuando cantaron su victoria, Y ganaron el campo rojo; luego vieron cómo la muerte le cerró los ojos suavemente, como si fuera a dormir, como las flores a la puesta del sol.

Halleck.

CUANDO el sol amaneció sobre los lenape al día siguiente, lo hizo sobre una nación que estaba de luto. Se habían acabado los ruidos de la batalla, y los de esta tribu habían alimentado de sobra sus odios ancestrales vengándose de sus recientes diferencias con los mengwe, cuya comunidad entera lograron destruir. El ambiente sombrío y cenizo que envolvía el lugar en el que los hurones habían acampado ya anunciaba con suficiente claridad el destino de esa tribu errante. Al mismo tiempo, cientos de cuervos que revoloteaban por encima de las inhóspitas montañas, y que se extendían ruidosamente en grupos por todo el bosque, servían de horripilante sendero hacia el escenario de la lucha. En resumen, cualquiera que hubiese visto alguna vez los signos propios del combate fronterizo habría identificado con facilidad las inequívocas evidencias de lo que es una cruel venganza india.

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