El último de los Mohicanos

Capítulo I

Mis oídos están dispuestos y mi corazón preparado:

Lo peor es la pérdida material que puedes revelar:

Di, ¿está perdido mi reino?

Shakespeare.

Una característica particular que presentaban las guerras coloniales de Norteamérica queda constituida por el hecho de que los contendientes hubieron de enfrentarse a las vicisitudes y los peligros de la naturaleza salvaje antes que uno contra el otro en batalla. Una ancha y aparentemente impenetrable cintura de bosques dividía a las enemistadas provincias de Francia e Inglaterra. El sufrido colonizador, así como el especialista europeo que combatía a su lado, con frecuencia empleaban meses en luchar contra los rápidos de las corrientes en los ríos, o abriéndose paso por los duros escollos de las montañas, en busca de una oportunidad para mostrar su valor en una pugna de carácter más marcial. Sin embargo, emulando la paciencia y el sacrificio de los curtidos guerreros nativos, aprendieron a superar todas las dificultades; y daría la sensación, con el tiempo, de que no existía una profundidad en los bosques lo bastante oscura, ni lugar secreto tan atractivo, como para desviar de su camino a aquellos que habían jurado por su sangre saciar su venganza, o defender la política fría y egoísta de los lejanos monarcas de Europa.

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