Las Aves
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EVÉLPIDES, llevando un grajo sobre el puño. PISTETERO, llevando igualmente una corneja; y los dos en busca del reino de las Aves. EVÉLPIDES.—(Al grajo que le sirve de guía.) ¿Me dices que vaya en línea recta hacia aquel árbol? PISTETERO.—(A la corneja que trae en la mano.) ¡Peste de avechucho! Ahora grazna que retrocedamos. EVÉLPIDES.—Pero infeliz ¿a qué andar errantes en todos sentidos? Con estas idas y venidas nos derrengamos inútilmente. PISTETERO.—¡Qué imbécil he sido al dejarme guiar por esta corneja! Me ha hecho correr más de mil estadios. EVÉLPIDES. —¿Mayor dicha que la de llevar de guía a este grajo, que me ha destrozado hasta las uñas de los pies? PISTETERO.—Ni siquiera sé en qué lugar de la tierra estamos.