Al final mueren los dos
Al final mueren los dos Después de horas de exploración, llegaron al río Hudson. Rufus se quitó los zapatos y se metió al agua, ignorando las miradas de los guardias. —¡Vamos, Mateo! El agua está perfecta. —No puedo... —balbuceó Mateo, mirando el río con recelo. —Claro que puedes. Solo es agua. Y yo estoy aquí contigo.
Mateo, temblando, se quitó los zapatos y dio un paso al frente. La sensación fría en sus pies lo hizo retroceder, pero Rufus tomó su mano. —No pienses tanto. Solo siente.
Por unos minutos, los dos dejaron de lado la idea de la muerte. En ese momento, no eran más que dos jóvenes viviendo una aventura inesperada, arriesgándose a sentir algo más grande que el miedo.
El reloj avanzaba implacable, cada segundo recordándoles que su tiempo era limitado. Rufus y Mateo caminaban juntos por las calles, ahora cargados con un extraño sentimiento de urgencia. Habían dejado el río atrás y se dirigían hacia el hospital donde el padre de Mateo estaba internado.
—¿Estás seguro de que quieres hacerlo? —preguntó Rufus mientras cruzaban una calle desierta. —No sé si quiero... pero lo necesito —respondió Mateo, con la mirada fija en el camino.
