La ratonera
La ratonera Y mientras la tormenta continúa, el juego apenas ha comenzado. Ya no se trata solo de buscar pistas, sino de sobrevivir a la siguiente jugada.
La máscara cae. No de golpe, sino con sutileza, mientras cada huésped empieza a desmoronarse bajo el peso del encierro, la sospecha y la muerte.
Trotter, cada vez más incisivo, presiona a cada uno. —¿Dónde estaban exactamente cuando las luces se apagaron? ¿Quién vio qué?
Pero nadie tiene respuestas claras. Las coartadas se entrecruzan, confusas, incompletas.
Giles y Mollie se distancian. La confianza, esa hebra frágil, se deshilacha. —¿Y si no eres quien dices ser? —pregunta él, sombrÃo. —¿Y tú? ¿Estás seguro de lo que ocultas? —responde ella, desafiante.
Wren se encierra en sà mismo. Cada frase suya es más errática. —¿No es divertido? Todos escondemos algo. Yo también. Pero eso no me hace un asesino… ¿o s�
Miss Casewell revela más de lo que querÃa: —Yo fui una de esas niñas. En un hogar. ¿Y saben qué? Nunca olvidas lo que te hacen de niño.
La revelación sacude el grupo. ¿PodrÃa ella ser la hermana desaparecida?
