¿Puede pensar una máquina?
¿Puede pensar una máquina? Puede existir diversidad de opiniones en cuanto a la complejidad adecuada de la máquina infantil. Puede intentarse una construcción lo más simple posible, coherente con los principios generales. O puede dotársela de un sistema completo integrado de inferencia lógica, en cuyo caso el almacenamiento estará fundamentalmente ocupado por definiciones y proposiciones. Estas proposiciones serían de diversa índole: hechos bien establecidos, conjeturas, teoremas matemáticamente demostrables, afirmaciones hechas por una autoridad, expresiones con forma lógica de proposición pero de valor no creíble. Algunas proposiciones serían «imperativas». La máquina estaría construida de forma que, en cuanto una imperativa se clasificara como «bien establecida», se produjera automáticamente la acción apropiada. Como ejemplo, supongamos que el maestro dice a la máquina: «Ahora haz los deberes». Esto podría dar lugar a que «El maestro dice “Ahora haz los deberes”» quedara incluido en los hechos bien establecidos. Otra posibilidad sería: «Todo lo que dice el maestro es cierto». Ambas posibilidades combinadas podrían dar por resultado que la imperativa «Ahora haz los deberes» quedara incluida entre los hechos bien establecidos, lo cual, con arreglo a la construcción de la máquina, significaría que se inician realmente los deberes, pero el efecto es muy poco satisfactorio. El proceso de inferencia que utilice la máquina tiene que satisfacer al lógico más riguroso. Por ejemplo, no habrá jerarquía de tipos, lo que no significa que no se produzcan falacias de tipos, semejantes al riesgo de caer por un precipicio no señalizado. Unos imperativos adecuados (expresados dentro de los sistemas, pero que no formen parte de las reglas del sistema), tales como «No emplees una clase si no es una subclase de las mencionadas por el maestro», ejercerían la misma función que un letrero que indicara: «No acercarse al borde».