El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —Creo que no me tacharéis de visionario… Por fortuna o desgracia mÃa, soy, digámoslo asÃ, un hombre a la moderna, nada supersticioso, y tan positivista como el que más, bien que incluya entre los datos positivos de la Naturaleza todas las misteriosas facultades y emociones de mi alma en materias de sentimiento… Pues bien: a propósito de fenómenos sobrenaturales o extranaturales, oÃd lo que yo he oÃdo y ved lo que yo he visto, aun sin ser el verdadero héroe de la singularÃsima historia que voy a contar; y decidme en seguida qué explicación terrestre, fÃsica, natural, o como queramos llamarla, puede darse a tan maravilloso acontecimiento.
El caso fue como sigue… ¡A ver! ¡Echar una gota, que ya se habrá refrescado el pellejo dentro de esa bullidora y cristalina fuente, colocada por Dios en esta pinÃfera cumbre para enfriar el vino de los botánicos!
—Pues, señor, no sé si habréis oÃdo hablar de un ingeniero de Caminos llamado Telesforo X…, que murió en 1860.
—Yo no…
—¡Yo sÃ!
—Yo también: un muchacho andaluz, con bigote negro, que estuvo para casarse con la hija del marqués de Moreda…, y que murió de ictericia…