El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte Tan corto fue el suyo, que no pudo serlo más, si tenemos en cuenta que dejó fruto de bendición… hasta cierto punto. Quiero significar con esto que Gil Gil era sietemesino, o, por mejor decir, que nació a los siete meses del casamiento de sus padres, lo cual no prueba siempre una misma cosa… Sin embargo, y juzgando sólo por las apariencias, Crispina López merecÃa ser más llorada de lo que la lloró su marido, pues al pasar a la suya desde la zapaterÃa paterna, llevóle en dote, amén de una hermosura casi excesiva y de mucha ropa de cama y de vestir, un riquÃsimo parroquiano —¡nada menos que un conde, y conde de Rionuevo!—, quien tuvo durante algunos meses (creemos que siete), el extraño capricho de calzar sus menudos y delicados pies en la tosca obra del buen Juan, representante el más indigno de los santos mártires CrispÃn y Crispiniano, que de Dios gozan…
Pero nada de esto tiene que ver ahora con mi cuento, llamado El amigo de la Muerte.