El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —En Francia… —respondió la Muerte—. Hemos atravesado ya mucha parte de las dos belicosas naciones que tan encarnizadamente han luchado al principio de este siglo… Hemos visto todo el teatro de la guerra de Sucesión… Vencidos y vencedores duermen en este instante… Mi aprendiz, el sueño, reina sobre los héroes que no murieron entonces en las batallas, ni después de enfermedad o de viejos… ¡Yo no sé cómo abajo no sois amigos todos los hombres! La identidad de vuestras desgracias y debilidades, la necesidad que tenéis los unos de los otros, la brevedad de vuestra vida, el espectáculo de la grandeza infinita de los orbes y la comparación de éstos con vuestra pequeñez, todo debÃa uniros fraternalmente, como se unen los pasajeros de un buque amenazado de naufragar. En él no hay amores, ni odios, ni ambiciones; nadie es acreedor ni deudor; nadie grande ni pequeño; nadie feo ni hermoso; nadie feliz ni desgraciado. Un mismo peligro los rodea… y mi presencia los iguala a todos. Pues bien: ¿qué es la tierra, vista desde esta altura, sino un buque que se va a pique, una ciudad presa de la peste o del incendio?
—¿Qué luces fatuas son esas que desde que se ocultó la luna veo brillar en algunos puntos del globo terrestre? —preguntó el joven.