El Capitán Veneno
El Capitán Veneno Igualmente profundo, aunque vario en su naturaleza y expresión, era el terror que sentÃan la madre… y la criada. TemÃa la noble viuda, primero por su hija, después por el resto del género humano, y en último término por sà propia; y temÃa la gallega, ante todo, por su querido pellejo; en segundo lugar, por su estómago y por el de sus amas, pues la tinaja de agua estaba casi vacÃa y el panadero no habÃa aparecido con el pan de la tarde, y en tercer lugar, un poquitillo por los soldados o paisanos hijos de Galicia que pudieran morir o perder algo en la contienda. Y no hablamos del terror de la hija, porque, ya lo neutralizase la curiosidad, ya no tuviese acceso en su alma, más varonil que femenina, era el caso que la gentil doncella, desoyendo consejos y órdenes de su madre, y lamentos o aullidos de la criada, ambas escondidas en los aposentos interiores, se escurrÃa de vez en cuando a las habitaciones que daban a la calle, y hasta abrÃa las maderas de alguna reja, para formar exacto juicio del ser y estado de la lucha.