El Capitán Veneno
El Capitán Veneno —Pues ¿no he de aceptar, señor Capitán Veneno? —respondió Angustias, soltando la carcajada—. ¡Usted mismo irá a echarlos!… ¿Qué digo?… ¡Iremos los dos juntos! ¡Y los echaremos sin besarlos ni nada, Jorge!… ¿Crees tú que los echaremos?
Tal dijo Angustias, mirando a D. Jorge de Córdoba con angelical arrobamiento.
El pobre Capitán se sintió morir de ventura; un rÃo de lágrimas brotó de sus ojos, y exclamó estrechando entre sus brazos a la gallarda huérfana:
—¡Conque estoy perdido!
—¡CompletÃsimamente perdido, señor Capitán Veneno! —replicó Angustias—. AsÃ, pues, vamos a almorzar; luego jugaremos al tute; y, a la tarde, cuando venga el Marqués, le preguntaremos si quiere ser padrino de nuestra boda, cosa que el buen señor está deseando, en mi concepto, desde la primera vez que nos vio juntos.