El Capitán Veneno
El Capitán Veneno —¡Y permite, querida mamá, que yo te abrace llena de orgullo!, añadió Angustias, que habÃa oÃdo toda la conversación desde la puerta de la sala.
Doña Teresa se echó también a llorar, al verse tan aplaudida y celebrada. Y como la gallega, reparando en que otros gemÃan, no desperdiciaba tampoco la ocasión de sollozar —sin saber por qué—, armóse allà tal confusión de pucheros, suspiros y bendiciones, que más vale volver la hoja, no sea que los lectores salgan también llorando a moco tendido, y yo me quede sin público a quien seguir contando mi pobre historia…