El Capitán Veneno
El Capitán Veneno —¡Muy al contrario! ¡Alégrome de que hayamos dejado también esa broma! —respondió Angustias, escondiendo las manos en los bolsillos de la bata.
Pues entonces, alma de Dios, ¿qué quiere V.?
—Yo, señor D. Jorge, no quiero nada.
—¿Por qué no me llama V. ya «Señor Capitán Veneno»?
—Porque he conocido que no merece usted ese nombre.
—¡Hola! ¡Hola! ¿Volvemos a las suavidades y a los elogios? ¿Qué sabe V. cómo soy yo por dentro?
—Lo que sé es que no llegará V. nunca a envenenar a nadie…
—¿Por qué? ¿Por cobardÃa?
—No, señor; sino porque es V. un pobre hombre, con muy buen corazón, al cual le ha puesto cadenas y mordaza, no sé si por orgullo o por miedo a su propia sensibilidad… Y, si no, que se lo pregunten a mi madre…
—¡Vaya! ¡Vaya!, ¡doblemos esa hoja! ¡Guárdese V. sus celebraciones como se guarda sus manecitas de marfil! ¡Esta chiquilla se ha propuesto volverme del revés!
—¡Mucho ganarÃa V. en que me lo propusiera y lo lograra, pues el revés de usted es el derecho! Pero no estamos en ese caso… ¿Qué tengo yo que ver en sus negocios?