Bajo las lilas
Bajo las lilas Después de aquello, Thorny olvido su tristeza y timidez y, súbitamente, comenzó también él a hablar. A Ben le halago el interés que el niño demostraba por su perro. Dio entonces rienda suelta a su buen humor y entretuvo a la concurrencia relatando sus aventuras en el circo. Recién en ese momento la señorita Celia pudo sentirse satisfecha y tranquila. Todo continuo muy bien y en especial la comida, pues los platos vacÃos eran reemplazados inmediatamente por otros llenos, la tetera tuvo que ser llenada dos veces, y llego un momento en que la dueña de casa creyó que iba a ser necesario poner un lÃmite al voraz apetito de sus invitados. Pero ocurrió algo que libro a la joven de realizar tan ingrata tarea.
Imprevistamente descubrieron a un niño que, de pie, detrás de ellos, en medio del sendero, observaba todo con gran atención. Era un hermoso niño de unos seis años de edad, bien vestido, de pelo negro recortado sobre la frente, carita sonrosada y unas piernas regordetas que las medias caÃdas sobre los zapatos polvorientos dejaban al desnudo. El sombrero de paja colgaba a su espalda, la mano derecha apretaba con fuerza una pequeña tortuga y la izquierda sostenÃa una variada colección de pajitas. Antes de que la señorita Celia hablara, el recién llegado anuncio sus propósitos con toda calma:
—He venido a ver los pavos reales.