Bajo las lilas
Bajo las lilas —¡Gracias, señorita! Es un hermoso libro sobre todo por las láminas, pero algunas de Ă©stas me hacen sufrir —y Ben señalĂł las que representaban a un grupo de caballos en un campo de batalla. Algunos, yacĂan muertos en el suelo y otros levantaban la cabeza como si quisieran dirigir un postrer adiĂłs a sus compañeros que se perdĂan a lo lejos entre una nube de polvo.
—DeberĂan detenerse a prestarles auxilio —comentĂł el muchacho volviendo precipitadamente la hoja para fijarse en otra lámina que mostraba a tres caballos que, muy felices hundĂan las patas en el pasto alto que bordeaba el arroyo adonde se acercaban a beber.
—Ese caballo negro es muy hermoso. Me parece que veo sus crines flotando al viento, y que lo oigo relinchar llamando al pequeño, de cara colorada; o que lo contemplo corriendo y saltando obstáculos para llegar pronto a la nieta y poder descansar.
—¡CĂłmo me gustarĂa montar uno de esos caballos y galopar por la pradera! —exclamĂł Ben hamacándose en la silla como si estuviera sentado en una montura.
