Bajo las lilas
Bajo las lilas —La fiesta se ha estropeado, de modo que lo mejor será volver a casa. —Y con pesar se dispuso Bab a emprender el regreso.
Betty frunció la boca como si estuviera por echarse a llorar, pero repentinamente, rompió a reÃr no obstante su enojo.
—¡Qué gracioso estaba el perro bailando en dos patas y girando sobre su cabeza!… —exclamó—. A mà me gustarÃa verlo otra vez hacer esas piruetas, ¿y a ti?
—También, pero eso no impide que continúe odiándolo. Quisiera saber que dirá mamá cuando… ¡Oh!… ¡Oh!… —y Bab se calló súbitamente abriendo unos ojos tan grandes casi como los azules platitos del juego de té.
Betty miró a su vez y sus ojos se dilataron aún más, porque allÃ, en el mismo sitio donde la pusieran ellas estaba la torta perdida, intacta, como si nadie la hubiera tocado, solamente la B se habÃa torcido un poquito más…