Bajo las lilas
Bajo las lilas Pocos días después se le permitió a la señorita Celia caminar un corto trecho, y aunque tenía un brazo en cabestrillo y andaba algo tiesa estaba mucho mejor de lo que hubiera podido esperarse, razón por la cual todos estuvieron de acuerdo y afirmaron que el señor Paine había estado en lo cierto al asegurar que el doctor Mills «era un experto en arreglar huesos rotos». Dos devotas enfermeras la atendían y dos pajes estaban siempre prontos para cumplir sus órdenes; vecinos afectuosos enviaban, de continuo, ricos presentes y la gente joven, gracias a ello, estaba siempre muy ocupada.
