Bajo las lilas
Bajo las lilas —¡Celiaa!, opino que deberĂamos regalar algo a Ben. Algo asĂ como una ofrenda de paz…, Âżme entiendes? Porque creo que Ă©l se considera muy ofendido aun por nuestras anteriores sospechas —dijo Thorny ese dĂa a la hora del almuerzo.
—SĂ, tambiĂ©n yo creo que continĂşa resentido, aunque trate de comportarse alegre y amable como siempre. He estado pensando cĂłmo podrĂamos hacerle olvidar este mal rato, pero no acierto a hallar con el medio. ÂżSe te ocurre algo a ti?
—PodrĂamos regalarle un par de gemelos. Vi unos muy hermosos en Benyville. Eran de plata antigua, adornados con cabezas de perros de ojos amarillos. Creo que a Ben le vendrĂan muy bien, ahora que va a estrenar su primera camisa blanca.
La señorita Celia no pudo menos que echarse a reĂr ante la sugestiĂłn tan infantil, pero por eso mismo estuvo de acuerdo con ella, pues pensĂł que Thorny sabrĂa mejor lo que le gustarĂa al muchacho y deseĂł que los ojos amarillos del perro de los gemelos pudieran ser un bálsamo para las heridas de Ben.
—Bien querido. TĂş le regalarás esos gemelos y Lita un pequeño látigo con una cabeza de caballo de plata en la empuñadura. Vi ese látigo en la talabarterĂa del pueblo, y a Ben le gustĂł tanto que yo habĂa resuelto regalárselo para su cumpleaños.
