Bajo las lilas
Bajo las lilas —Dispense, señora. Mi nombre es Ben Brown, y estoy viajando.
—¿Adónde vas?
—A donde pueda encontrar trabajo.
—¿Qué clase de trabajo sabes hacer?
—De todo un poco. Estoy acostumbrado a cuidar caballos…
—¡Dios bendito!… ¿Una criatura tan pequeña como tú?…
—¡Tengo doce años, señora, y puedo montar cualquier animal de cuatro patas!… —manifestó el muchacho con un gesto de orgullosa seguridad.
—¿No tienes familia? —preguntó la señora Moss divertida, pero también apenada al contemplar aquella tostada carita delgada, de ojos hundidos por el hambre y los sufrimientos, y la harapienta figura que se apoyaba en una de las ruedas del coche como si careciera de fuerzas para mantenerse de pie.
—No, señora; no tengo a nadie, y la gente con quien vivĂa me castigaba tanto que… me escapĂ© —respondiĂł con decisiĂłn el pequeño.
Las Ăşltimas palabras pareciĂł haberlas pronunciado muy a pesar suyo, como si no hubiera podido resistir a la simpatĂa de la mujer que sin darse cuenta iba ganando su confianza.
—Entonces no te haré ningún reproche. Pero ¿cómo viniste a parar aqu�
