Bajo las lilas
Bajo las lilas Por supuesto, a Bab le alegraba que hubieran retornado la paz y alegría de antaño, pero en un pequeño y escondido rincón de su corazón se ocultaba un asomo de envidia y ansiaba, desesperadamente, hacer algo que la pusiera en evidencia frente a su pequeño mundo y recibir los mismos halagos que Betty. Comportarse con bondad y gentileza no era suficiente. Ella debía hacer algo que demostrara su valor y sorprendiera a todos, pero no se le presentaba ninguna oportunidad. Betty era tan afectuosa como siempre y los muchachos muy bondadosos, pero a ella no se le escapaba que ambos niños preferían a la pequeña Bet, como la llamaban, por haber sido quien encontrara a Sancho, demostrando gran arrojo al defender al perro de aquellos que la aventajaban en número y fuerza.
Bab no confió a nadie sus sentimientos. Muy por el contrario: procuraba ser amable mientras esperaba que llegase su oportunidad. Y cuando ésta llegó, se comportó lo mejor que pudo, aunque no consiguió que su acción tuviera un matiz heroico que aumentase su valor.