Bajo las lilas
Bajo las lilas El día siguiente era miércoles, y la señorita Celia concurrió a una audición de recitado que daban los niños. Era muy poco frecuente que las madres o hermanas mayores dispusiesen de tiempo para concurrir a aquellas audiciones, de modo que cuando la señora Moss y la señorita Celia se presentaron en el colegio, fueron muy bien recibidas por la complacida y orgullosa maestra y un murmullo general se levantó en el aula al verlas aparecer. Todas las niñas dirigieron sus miradas hacia las visitantes y las señalaron luego a Bab y Betty, quienes sonreían con sus redondas caritas iluminadas de alegría al ver a «mamá» sentada junto a la maestra. Y los muchachos sonrieron a Ben, cuyo corazón se puso a latir desordenadamente al ver que su querida señorita había venido sólo para oírle decir su parte.
Thorny le había recomendado que eligiese «Marco Bozzans», pero Ben prefirió «John Gilpin» e hizo el recitado de la famosa carrera con gran elocuencia, poniendo mucho más énfasis en algunos párrafos y si bien en otros necesitó ayuda concluyó su parte con éxito, aunque casi sin alientos. Se sentó en medio de grandes aplausos, algunos de los cuales, cosa muy curiosa, le pareció que llegaban desde afuera. Y así era en efecto, pues Thorny, que no había querido perderse el placer de escucharlo, había permanecido afuera para no confundir al orador.