Bajo las lilas

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CAPÍTULO 23

Durante las siguientes semanas, Bab y Betty se entretuvieron jugando por las tardes en la avenida de árboles. Pero en cuanto las sombras comenzaban a invadirlo todo, las niñas abandonaban sus juegos y se sentaban en el pórtico a esperar a Ben quien, en compañía de los otros niños, se dedicaba a recolectar nueces. Cuando jugaban en la casa, Bab siempre hacía de padre y partía de caza o de pesca en las que tenía gran éxito, pues regresaba con toda clase de bichos, desde elefantes y cocodrilos hasta picaflores y mojarritas. Betty era la madre y la más habilidosa de las esposas; pues preparaba imaginarios y deliciosos manjares mezclando arena en ollas y sartenes viejos que ponía en un horno de su propia construcción.

Ambas habían trabajado mucho cierto día y estaban contentas cuando se retiraron a su lugar favorito de descanso donde Bab practicaba equilibrio sobre la balaustrada y Betty gozaba hamacándose y mirando cómo se reponía su hermana de los golpes. En aquella ocasión, luego de que ambas hubieran disfrutado de sus respectivos placeres dejaron sus juegos para conversar un poco sentándose una al lado de la otra como un par de pollitos que quieren descansar.


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