Bajo las lilas
Bajo las lilas —Me escapé de un circo —comenzó Ben, pero no pudo continuar, porque las niñas, dando un salto gritaron a un mismo tiempo llenas de entusiasmo
—¡Nosotras estuvimos en uno cierta vez!… ¡Qué hermosos son los circos!…
—No pensarĂan asĂ si los conocieran tan bien como yo —exclamĂł Ben frunciendo el ceño y encogiĂ©ndose como si aĂşn sintiera sobre sus espaldas los golpes recibidos.
—Nosotros no los consideramos hermosos, ¿verdad, Sancho? —agregó produciendo un ruido extraño que hizo que el perro comenzara a gemir y a golpear el suelo con la cola mientras se pegaba a los pies de su amo como si quisiese hacerse amigo de los nuevos zapatos de éste.
—¿Cómo fuiste a parar all� —preguntó la señora Moss asombrada e inquieta.
—Mi padre era «el feroz jinete de los llanos». ¿Nunca oyeron hablar de él? —inquirió Ben extrañado de que no lo conocieran.
—¡Dios mĂo, hijito!… Hace diez años que no voy a un circo y te aseguro que ya no recuerdo lo que viera entonces —replicĂł la señora Moss divertida y tambiĂ©n enternecida por la evidente admiraciĂłn que demostraba el hijo por su padre.
