Bajo las lilas
Bajo las lilas A la mañana siguiente los Brown se levantaron tan temprano que Bab y Betty temieron que hubiesen huido durante la noche. Pero al ir a buscarlos los hallaron observando a Lita con ojos de entendidos, las manos en los bolsillos, mordiendo una paja con los dientes y tan iguales el uno al otro como podía serlo un elefante grande y uno chico.
—Es una yegüita muy bonita. Hacía tiempo que no veía otra igual —decía Ben padre, en el momento en que las niñas hacían su aparición corriendo de la mano y sacudiendo sus trencitas terminadas en moños azules.
—Ésta es mi favorita, pero aquélla corre mejor, aunque es dura de boca —comentó Ben dándose tales aires de experto jockey que su padre se echó a reír.
—Vamos muchacho. Olvidemos esa jerga ya que hemos resuelto abandonar la antigua vida. Esta buena gente ha hecho un caballero de ti y no quiero estropear la obra. Acérquense, queridas. Yo les enseñaré cómo se dice buenos días en California —agregó haciendo señas a las invitadas que llegaban sonrosadas y sonrientes.
—El desayuno los espera, señor —comunicó Betty contenta de haberlos encontrado.
—Creímos que se había marchado —explicó Bab extendiendo las manos para apretar las que se tendían hacia ella.
