Bajo las lilas
Bajo las lilas A cada lado del «porch» había un asiento, y quien hubiera atisbado curiosamente a través de la cerradura del mencionado portón, habría sorprendido un espectáculo extraordinario. Sobre el asiento izquierdo se veían siete muñecas y seis sobre el derecho, y en tal estado se encontraban casi todas ellas —la que no tenía un brazo de menos mostraba la cara o el vestido lleno de manchas— que cualquiera hubiese podido pensar que se trataba de un hospital de muñecas y que las pacientes aguardaban la hora del té. Grave error, pues si el viento hubiera levantado el cobertor que las tapaba, se habría observado que todas estaban completamente vestidas y que tan sólo reposaban hasta que la fiesta comenzase.