Bajo las lilas
Bajo las lilas Como Ben no se hallaba muy cansado, comenzó la limpieza esa misma noche. Y su premura no era exagerada, ya que dentro de uno o dos días iban a llegar las cosas, para felicidad de las niñas, quienes consideraban que una mudanza era uno de los juegos más divertidos. El faetón fue lo primero que llegó, y Ben dedico todos sus momentos libres a admirarlo al mismo tiempo que, con secreta envidia, pensaba quién sería el muchacho que ocuparía el pequeño asiento trasero, y decidió que, cuando fuera rico, viajaría en un carruaje igual que aquél y llevaría a dar una vuelta en él a cuanto muchacho encontrase en el camino.
Luego llego la parte del mobiliario, y las niñas lanzaron exclamaciones de admiración al ver el piano, algunas sillas pequeñas y una mesa baja a la que consideraron adecuada para sus juegos. Después trajeron los animales, y éstos causaron un gran revuelo en el vecindario; pues los pavos reales eran desconocidos allí, el burro con sus rebuznos inquieto a los demás animales y despertó la hilaridad de la gente, los conejos se escapaban continuamente de sus cuevas, construidas en el jardín y Chevalita escandalizo al viejo Duke con sus paseos por el establo del que éste había sido único morador durante muchos años.
