Detras de la mascara
Detras de la mascara Acto seguido, Coventry entró sin llamar a la puerta.
Sir John le recibió con un porte de amable resignación, y la señorita Muir, con un rostro totalmente inexpresivo.
—Mamá le manda recuerdos. ¿Cómo se encuentra hoy, señor?
—Estoy muy cómodo, aunque me aburro un poco. Me gustaría que les dijeras a las jovencitas que vinieran esta tarde para divertir a un anciano caballero. La señora King ha sacado los vestidos y complementos antiguos porque le prometí a Bella que esta noche disfrutaríamos de una velada inolvidable, como las que solíamos pasar cuando Ned estaba por aquí.
—Muy bien, señor; les diré que vengan. Todos nos hemos entristecido con la partida de mi hermano, y un poco de diversión nos vendrá bien. ¿Se marcha usted ya, señorita Muir? —quiso saber Coventry.
—No. Será mejor que se quede hasta que sirva el té y prepare todo lo demás. No siga leyendo, querida, será mejor que vaya a entretenerse con los cuadros o con lo que usted prefiera —ordenó sir John; y, como una hija cumplidora, la señorita Muir obedeció como si estuviera encantada de abandonar la estancia.