Detras de la mascara
Detras de la mascara Pasión y despecho
Durante varias semanas, la tranquilidad más monótona pareció reinar en casa de los Coventry a pesar de que se estaba gestando una tormenta inesperada. La llegada de la señorita Muir pareció producir un cambio en todos los habitantes de la casa, aunque nadie sabía explicar por qué ni de qué modo. Sus modales no podían ser más modestos y retraídos. La institutriz estaba volcada en Bella, quien no tardó mucho en adorarla y que sólo se mostraba feliz en su compañía. La joven procuraba en todo momento la comodidad de la señora Coventry, y la dama declaró que nunca había conocido a una enfermera más atenta. La señorita Muir divertía, interesaba y se había ganado a Edward con su ingenio y su compasión femenina. Hizo que Lucía la respetara y la envidiara por todos sus talentos, y provocaba al indolente Gerald evitándolo constantemente, mientras que sir John quedó encantado con su respetuosa deferencia y las elegantes atenciones que le prestaba de una forma sincera y nada pretenciosa, algo que un hombre mayor y solitario siempre aprecia. También los criados la adoraban. Y en vez de tratarla como a una institutriz cualquiera, es decir, una triste criatura que queda en medio de las clases altas y de las bajas, Jean Muir se convirtió en la alegría de la casa y en la amiga de todos sus inquilinos, salvo de dos.
