Hombrecitos
Hombrecitos Los nuevos espectadores saludaron con un gesto a la compañía y se sentaron sobre unas tablas. La función continuó. Cuando el mono amaestrado concluyó sus ejercicios, Ned desempeñó un número de saltos sobre una silla vieja y trepó ágilmente por varias escaleras. Medio-Brooke bailó gravemente. Nat fue designado para luchar con Zampabollos y con rapidez tumbó al corpulento niño. Después, Tommy avanzó con orgullo para dar el salto mortal, habilidad que adquiriera a fuerza de perseverancia y de sufrir caídas y golpes tremendos. Grandes aplausos celebraron la habilidad de Tommy, y cuando éste, rojo de orgullo y de la subida de la sangre a la cabeza, se disponía a sentarse, una voz gritó despreciativamente:
—¡Eso no vale nada!
—¡Vuelve a decir eso, si te atreves! —rugió Tommy.
—¿Quieres pelear? —exclamó Dan abandonando el asiento y enseñando los puños.
—No, no —contestó Tommy, asustado.
—Están prohibidas las peleas —vocearon a coro los demás.
—¡Qué suerte tienen! —murmuró Dan burlonamente.
—Oye, si no te conduces bien, no te quedarás con nosotros —insinuó Nat, ofendido por el insulto hecho a sus amigos.