Hombrecitos
Hombrecitos Otro día «Torbellino» dio sus zapatitos nuevos a un niño pobre, creyendo que la dejarían andar descalza, pero vio que la caridad y la comodidad no siempre son compatibles y se encontró con que le ordenaban que no dispusiese de sus vestidos sin previo permiso. Construyó un barquito con madera vieja y dos velas de lienzo empapadas en trementina, las encendió al anochecer y dejó ir el barco arroyo abajo. Enganchó al pavo real a una cesta y lo hizo trotar por el jardín. Cambió su collar de corales por cuatro gatitos a los cuales atormentaban unos chicos perversos, y cuidó a los animales, les dio sopitas, les puso crema en las heridas, y, cuando los mininos fallecieron, lloró amargamente; menos mal que se consoló pronto, con un magnífico galápago que le regaló Medio-Brooke. Consiguió que Silas le tatuase sobre el hombro un áncora igual a la que tenía grabada en la piel el propio jardinero, y trabajó inútilmente por que le tatuase las mejillas con dos estrellas azules. Montaba indistintamente en el manso caballo, en el paciente borrico o en un barrigudo cerdo. Cualquier cosa que ideasen los muchachos, por peligrosa que fuera, la ponía por obra «Torbellino», y, naturalmente, los chicos proclamaban a toda hora el heroísmo de Nan.