Hombrecitos
Hombrecitos Choque estrepitoso de cacerolas de hojalata, carreras alborotadas y peticiones de comestibles anunciaron, una tarde de agosto, que los niños iban a buscar zarzamoras. Para ellos, significaba tanto como si fuesen a descubrir el Polo.
—Vayan, hijitos, salgan cuanto antes, sin que se entere Rob —dijo mamá Bhaer, atando a Daisy las cintas del sombrero de paja, y arreglándole a Nan el delantal azul. Pero Rob se habĂa enterado y estaba resuelto a formar parte del grupo expedicionario. Cuando la tropa comenzĂł a desfilar asomĂł el hombrecito, con el sombrero puesto, el rostro jubiloso y una luciente cacerola en la mano.
—¡Buena la hemos hecho! —suspirĂł la tĂa Jo, que sabĂa lo difĂcil de contentar que era su hijo mayor.
—Ya estoy listo —gritó Rob.
—Van muy lejos y te fatigarás; quédate acompañándome.
—Ya se queda Teddy; yo soy mayor, y tú me has dicho que los mayores pueden ir a todas partes.
—Mira, vamos hasta los pastos, y como hay mucho que andar, no queremos estorbos —advirtió Jack.
—Yo no soy estorbo y puedo ir sin cansarme. Mamá, ¡déjame que vaya! Quiero traerte esta cacerola nueva llena de zarzamoras. ¡Voy a ser bueno…!
