Hombrecitos
Hombrecitos Mientras Nat duerme tranquilamente, hablaré de los niños entre los cuales se halló al despertar.
Comencemos por los conocidos. Franz era un chico alemán, alto, grueso, rubio, aplicado, sencillote, aficionado a la música y muy apegado a la casa; tenía diecisiete años. Su tío lo creía apto para la enseñanza, y su tía, para ser un buen marido, fomentando en él el afecto al hogar.
Emil, vivo, inquieto y emprendedor, soñaba con ser marino. Su tío le ofreció que cuando cumpliera dieciséis años lo prepararía para el ingreso a la Escuela Naval: le daba a leer historias de almirantes famosos y de insignes navegantes, y le permitía que, después de estudiar, viviera como una rana. El cuarto de Emil parecía el camarote de un buque; «Robinson» y «Simbad el marino» eran sus héroes. Los niños le llamaban el «Comodoro» y admiraban la flotilla que tenía en la fuente.
