Hombrecitos
Hombrecitos —¡Medio-Brooke! ¡Querido niño, levántate! ¡Es preciso…!
—¿Por qué? Acabo de acostarme y no amanece aún —contestó el chiquitÃn, despertando de su primero y profundo sueño.
—No son más que las diez de la noche, pero tu papá está enfermo y tenemos que ir a verlo. ¡Ay, John! ¡Pobre John mÃo! —exclamó tÃa Jo, sollozando.
El chico, asombrado y asustado, se despabiló al instante. Le dio miedo oÃr a mamá Bhaer llamarlo por su nombre de pila. La abrazó temblando.
La señora, dominándose, lo besó y le dijo:
—¡Vamos a darle un adiós, querido John! ¡No podemos perder tiempo! VÃstete en seguida y ve a mi cuarto.
—SÃ, tÃa —contestó el chico; se vistió rápidamente, dejó dormir a Tommy, y atravesó la silenciosa casa comprendiendo que algo nuevo y doloroso iba a ocurrir; algo que lo apartarÃa temporalmente de los niños; algo que harÃa que el mundo le pareciera tan oscuro, tan callado y tan extraño como habitaciones familiares en las sombras de la noche.
