Hombrecitos
Hombrecitos Las muchachitas entendieron el gesto y soltaron agujas y dedales antes de que tÃa Jo adivinase si Tommy estaba bromeando o sufrÃa un ataque convulsivo. Medio-Brooke dio explicaciones y, otorgado el permiso, salieron juntos.
—No hables con Jack —dijo Tommy acompañando a Nan, que iba por un tenedor para trinchar las manzanas.
—¿Porqué…?
—Porque me hace burla.
—Pues le hablaré, si quiero.
—Entonces dejarás de ser mi novia.
—¡Qué me importa!
—Está bien. ¡Creà que me querÃas mucho, Nan! —exclamó Tommy, con tierna reconvención.
—No le hagas caso a Jack, y déjame hablar con todos.
—Toma tu anillo; no quiero llevarlo ya —dijo Tommy, devolviendo una sortija de cerdas de caballo, recibida en prueba de afecto a cambio de otra hecha con barbas de langosta.
—Se la daré a Ned —contestó cruelmente Nan, que sabÃa de la admiración de Ned.
—¡Sarapucio! ¡Tormenta de tórtolas! —rugió el galán, para desahogar su furor, y abandonó a Nan, dejándola con el tenedor.