Hombrecitos
Hombrecitos —¿Cómo te llamas?
—Nathaniel Blake.
—Yo me llamo Tommy Bang; ¿quieres que demos una vuelta? —insinuó.
—Preferiría esperar un poco, hasta saber si me quedo o no —murmuró Nathaniel.
—Oye, Medio-Brooke, ven a ver a uno —gritó Tommy, volviendo a cabalgar en el pasamanos.
Al oírse llamar, el pequeñuelo que leía sentado en un escalón, alzó sus negros ojazos, cerró el libro, lo guardó bajo el brazo, y descendió a saludar «al nuevo», encontrando muy simpático a aquel pobrete delgaducho y de dulce mirada.
—¿Te manda el tío?
—Me envía el señor Laurence.
—Bueno; ése es el tío; siempre manda niños buenos.
Nat, lisonjeado por la observación, sonrió. Los dos chicos se quedaron callados un momento, contemplándose con agrado.
Aproximóse una pequeña llevando a la muñeca en brazos. Parecíase mucho a Medio-Brooke, aun cuando era menos alta; tenía el rostro sonrosado y ojos azules.
—Esta es mi hermana Daisy —presentó Medio-Brooke.
Se saludaron con una inclinación de cabeza los chicos, y la dueña de la muñeca murmuró:
