Los Muchachos de Jo
Los Muchachos de Jo Como acostumbraba a suceder con rara frecuencia, Tom Bangs fue inoportuno una vez más. Sin darse cuenta en absoluto de la intimidad de aquella pareja fue hacia ellos.
―No lo soporto más. Por todas partes oigo hablar de filosofÃa, de educación, de arte… ¿Por qué no habrá un poco de música? ¡Eso mismo! Alicia, ¿quieres cantarnos algo?
La muchacha vio en aquella propuesta la solución para decir a John lo que aún no le habÃa dicho. AsÃ, pues, aceptó.
Interpretó con excelente estilo, mejor voz y una vibración interior que sólo dos personas comprendÃan, una bonita canción, a la que arregló la letra sobre la marcha.
De esta forma dijo a John que debÃan tener paciencia porque eran muy jóvenes, y porque dos viejecitos esperaban que se les endulzasen los últimos dÃas de su vida; pero que aquella espera fortificarÃa sus esperanzas en un futuro feliz.
Cuando la canción terminó, John se acercó a ella.
―Estás muy acalorada. Necesitas tomar un poco el aire.
Salieron al jardÃn, donde conversaron durante largo rato. Entre los dos quedó el secreto de la conversación.