Los Muchachos de Jo
Los Muchachos de Jo ―En que darÃa cualquier cosa para fumar una buena pipa.
Aquella contestación decepcionó a Jo y le hizo reÃr al propio tiempo.
―Muy bien, señor fumador empedernido. Puedes hacerlo en tu cuarto. Pero ten cuidado de no quemarme la cama.
Dan se levantó. En el acento de Jo habÃa advertido un tono de desilusión. Con toda la delicadeza de que era capaz se inclinó y besó a Jo.
―Buenas noche, madre.
A ella se le alegró el corazón. Era rudo, pero como un niño.