Mujercitas
Mujercitas Lo cierto es que el divertido préstamo de Beth fue de lo más acertado, porque los gatitos hicieron reÃr a Laurie, que olvidó su timidez y se mostró más comunicativo de lo habitual.
—Esto es demasiado bonito para comerlo —exclamó con una sonrisa cuando Jo destapó el plato en el que estaba el pudin blanco, rodeado por una guirlanda de hojas verdes y flores rojas del geranio preferido de Amy.
—No es gran cosa, pero todas le estamos muy agradecidas y ésta es nuestra forma de mostrárselo. PÃdale a la criada que se lo guarde para la hora del té. Es un plato muy sencillo, lo puede comer sin problemas. Es muy suave y no le dolerá la garganta al tragarlo. ¡Qué habitación más agradable!
—Lo serÃa si estuviese más ordenada, pero las criadas son perezosas y no sé qué hacer para que muestren un poco más de interés. A decir verdad, el asunto me tiene algo preocupado.
—Quedará estupenda en un par de minutos. Solo hay que limpiar un poco el hogar de la chimenea, asÃ… Ordenar los adornos de la repisa, asÃ… Dejar los libros aquà y las botellas allá, orientar el sofá hacia la luz y ahuecar un poco los cojines. Bueno, ya está listo.