Mujercitas
Mujercitas 
—Este muchacho es un auténtico cÃclope, ¿no? —dijo Amy, un dÃa, al ver a Laurie a lomos de un caballo. El joven agitó el látigo a modo de saludo al pasar.
—¿Cómo te atreves a decir eso cuando tiene dos ojos? Y bien bonitos, por cierto —protestó Jo, que saltaba en cuanto se hacÃa un comentario negativo de su amigo.
—No he dicho nada de sus ojos, y no veo por qué tienes que alterarte cuando simplemente alababa su forma de montar.
—¡Ay, Dios! Qué tonta eres. Le has llamado cÃclope queriendo decir centauro —dijo Jo soltando una sonora carcajada.
—Bueno, no es necesario que seas tan desagradable. Como dice el señor Davis, ha sido un lapsus lingui —explicó Amy acabando de matar de risa a Jo con su latÃn—. Me gustarÃa tener algo del dinero que Laurie gasta en su caballo —añadió, como si hablara para sÃ, pero con la esperanza de que sus hermanas la oyeran.
—¿Por qué? —preguntó Meg con tono amable al ver que Jo seguÃa riéndose de la segunda metedura de pata de Amy.
—¡Me hace mucha falta! Tengo un montón de deudas y hasta dentro de un mes no recibiré mi asignación.
