Mujercitas
Mujercitas —Yo no hubiera escogido ese sistema para enmendar tu falta —contestó la madre—, pero no sé hasta qué punto un método más suave hubiese tenido el mismo efecto. Te estás volviendo demasiado presumida y pretenciosa, y ya va siendo hora de que intentes corregirte. Posees talento y muchas virtudes, pero no hay necesidad de que los exhibas. La vanidad echa a perder las mejores cualidades. El talento y la bondad nunca pasan inadvertidos y, aunque asà fuera, la conciencia de tenerlos y hacer buen uso de ellos deberÃa bastar. Las virtudes quedan ensalzadas por la modestia.
—Asà es —intervino Laurie, que jugaba una partida de ajedrez con Jo en un rincón—. Una vez conocà a una niña que tenÃa un gran don para la música pero no lo sabÃa. No sospechaba cuan maravillosas eran las composiciones que creaba cuando estaba sola y, de habérselo dicho alguien, no lo hubiera creÃdo.
—Me hubiese encantado conocer a esa niña, tal vez ella podrÃa ayudarme. Yo soy demasiado torpe —comentó Beth, que estaba a su lado y habÃa escuchado con interés sus palabras.
—La conoces y te ayuda más de lo que crees —repuso Laurie, cuyos risueños ojos negros la miraron con tal intención que la joven se ruborizó y ocultó su rostro con un cojÃn del sofá, abrumada por aquel inesperado descubrimiento.
