Mujercitas
Mujercitas 
—Qué suerte que los niños hayan contraÃdo el sarampión justo ahora —exclamó Meg un dÃa de abril. Estaba en su dormitorio, preparando el baúl de viaje, rodeada de sus hermanas.
—Y qué bien que Annie Moffat no haya olvidado su promesa. Qué delicia contar con quince dÃas de diversión —apuntó Jo, que parecÃa un molino de viento cada vez que doblaba una falda con sus largos brazos.
—¡Y hace muy buen tiempo! ¡Qué alegrÃa! —añadió Beth, que separaba los lazos para el cuello de las cintas del pelo y los guardaba en su mejor estuche, que habÃa prestado a su hermana mayor para la ocasión.
—Me encantarÃa ir contigo para divertirme y ponerme esta ropa tan bonita —dijo Amy, que tenÃa entre los labios un buen número de alfileres que iba clavando artÃsticamente en el acerico de su hermana.
—Me gustarÃa que fuésemos todas pero, como no es posible, prometo contároslo todo a mi vuelta. Es lo menos que puedo hacer después de que hayáis tenido la amabilidad de prestarme cosas y ayudarme a prepararme —dijo Meg echando una mirada a su equipaje, sencillo pero, a sus ojos, casi perfecto.
