Mujercitas
Mujercitas —Mintió sobre la nota de su madre, como si se diera cuenta de lo que pasaba, y se ruborizó al ver las flores. ¡Pobrecilla! Si vistiese con más elegancia serÃa preciosa. ¿Crees que se ofenderÃa si le prestásemos un vestido para el jueves? —preguntó una tercera voz.
—Es orgullosa, pero no creo que le importe porque ese anticuado vestido de tarlatana es todo lo que tiene. Puede que esta noche se le rasgue un poco. De ser asÃ, tendrÃamos la excusa perfecta para ofrecerle otro más adecuado.
—Veremos qué ocurre. Invitaré al tal Laurence, en atención a ella, y asà podremos divertirnos un poco.
