Mujercitas
Mujercitas 
—¡Ya es 1 de junio! ¡Mañana los King se irán a la costa y quedaré libre! ¡Tres meses de vacaciones! ¡Cómo voy a disfrutarlas! —exclamó Meg, al volver a casa, un dÃa de calor. Jo estaba tumbada en el sofá y parecÃa exhausta, algo poco habitual en ella, mientras Beth le quitaba las botas llenas de polvo y Amy preparaba limonada para todas.
—La tÃa March se ha ido hoy. ¡Alegraos por mÃ! —informó Jo—. Temà que me pidiera que la acompañara, porque, de haberlo hecho, me hubiese sentido obligada. Plumfield es tan divertido como un cementerio, asà que prefiero ahorrarme la visita. No paramos ni un momento hasta que lo tuvimos todo preparado, y a mà me daba un vuelco el corazón cada vez que me dirigÃa la palabra, porque en mi ansia por tenerlo todo listo lo antes posible me mostré tan dulce y encantadora que llegué a pensar que no se verÃa con ánimos de separarse de mÃ. Estuve temblando hasta que la vi subida al carruaje, y me dio un último susto de muerte cuando, ya en marcha, asomó la cabeza por la ventanilla y preguntó: «Josephine, ¿no podrÃas…?». No oà el final de la frase porque di media vuelta y puse pies en polvorosa. Eché a correr y no paré hasta que doblé la esquina y me sentà a salvo.
