Mujercitas
Mujercitas 
—La ha empujado; le he visto, me toca a mà —espetó Jo con dureza.
—No la he tocado, ¡le doy mi palabra! Puede que la pelota llegase rondando los últimos centÃmetros, pero eso está permitido, de modo que, por favor, apártese y déjeme seguir.
—En Estados Unidos no solemos hacer trampas. Pero no se prive por mà —replicó Jo muy enfadada.
—Todo el mundo sabe que los yanquis son los más tramposos del mundo. ¡Allá va! —dijo Fred golpeando la pelota de Jo con la suya y lanzándola muy lejos.
Jo abrió la boca con intención de soltar alguna groserÃa, pero se contuvo a tiempo, se puso roja como un tomate y, sin moverse del sitio, comenzó a dar golpes con el palo en el suelo con mucho empeño, mientras Fred alcanzaba la meta y, exultante, se declaraba salvado. Jo fue a rescatar su bola y tardó un buen rato en encontrarla, pues habÃa ido a parar entre unos arbustos; cuando volvió, tenÃa el semblante más tranquilo, estaba de mejor humor y esperó pacientemente su turno. Hubo de dar varios golpes para recuperar la posición perdida pero, cuando lo consiguió, el equipo contrario habÃa avanzado mucho; la bola de Kate estaba a unos centÃmetros de la meta, por lo que les faltaba un tiro para declararse vencedores.