Mujercitas
Mujercitas Mientras hablaba, Jo bajó la cabeza hacia las hojas que había amontonado para que no notase que le temblaba la barbilla. Era evidente que Meg se estaba convirtiendo en una mujer, y el secreto que Laurie le había contado hacía temer a Jo que la inevitable separación pudiese estar demasiado próxima. Laurie leyó en el rostro de su amiga su preocupación y preguntó, para distraer la atención hacia Meg:
—¿A quién has visitado?
—He estado en casa de los Gardiner, y Sallie me ha descrito en detalle la boda de Belle Moffat. Al parecer, fue una ceremonia espléndida y la pareja pasará el invierno en París. ¡Qué maravilla!
—¿La envidias? —preguntó Laurie.
—Mucho me temo que sí.
—¡Me alegro! —musitó Jo, que se caló el sombrero furiosa.
—¿Por qué? —inquirió Meg, sorprendida.
—Porque si te interesa tanto la vida de los ricos no nos dejarás para casarte con un hombre pobre —sentenció Jo mirando con expresión ceñuda a Laurie, que le hacía señas para que midiese sus palabras.