Mujercitas
Mujercitas Un grito general recorrió la sala, las botas rojas se agitaban como si saludasen desde los cascotes y una cabecita rubia emergió exclamando: «¡Te lo advertÃ! ¡Te lo advertÃ!». Con gran presencia de ánimo, Don Pedro, el padre despiadado, apareció presuroso, sacó a su hija de los escombros y le dijo en un aparte: «No te rÃas, haz como si no hubiese pasado nada». Luego ordenó a Rodrigo que se levantase y le desterró del reino con enojo y desprecio. A pesar de lo conmocionado que estaba tras haber recibido el peso de la torre sobre él, Rodrigo desafió al anciano caballero y se negó a partir. Su valeroso ejemplo inspiró a Zara, que también plantó cara a su padre, el cual ordenó que ambos fuesen encerrados en las mazmorras del castillo. Entró en escena un sirviente pequeño y fuerte, los encadenó y se los llevó. ParecÃa más asustado de lo debido y era evidente que habÃa olvidado su parlamento.