Mujercitas
Mujercitas Aun siendo un buen muchacho, Laurie era humano y, por supuesto, le encantaba ir de fiesta y coquetear con muchachas. Siguiendo la moda de la universidad, fue dandi, sentimental o aficionado a la gimnasia y a los deportes acuáticos a conveniencia. Sufrió novatadas y las hizo, decía palabras vulgares y en más de una ocasión estuvo a punto de ser castigado e incluso expulsado. Pero como el origen de sus travesuras siempre era su buen humor o su amor por la diversión, le salvaban una oportuna confesión y un sincero arrepentimiento, o su gran dominio del arte de la persuasión, en el que era un auténtico experto. De hecho, estaba bastante orgulloso de sus escarceos y disfrutaba relatando a las cuatro hermanas sus triunfos sobre tutores coléricos, profesores muy serios y derrotados enemigos. Las muchachas veían como héroes a los «hombres de su clase» y no se cansaban de oír las proezas de aquellos seres excepcionales, cuyas sonrisas tenían ocasión de ver cuando Laurie invitaba a alguno de ellos a casa.