Mujercitas
Mujercitas Acababa de recuperarse de uno de esos ataques cuando la convencieron de que acompañase a la señorita Crocker a una conferencia y, en premio a su buena acción, volvió con una nueva idea. Formaba parte del ciclo de conferencias de los cursos populares, dirigidos a adultos e impartidos en Boston, y versaba sobre las pirámides. Habida cuenta del tipo de público al que iba dirigida, a Jo le sorprendió mucho la elección del tema, pero supuso que dar a conocer la gloria de los faraones a personas que vivían pendientes del precio del carbón y de la harina y tenían asuntos más urgentes por los que preocuparse que la Esfinge serviría para reparar una grave injusticia social o responder a una necesidad importante.
Llegaron pronto y, mientras la señorita Crocker se entretenía colocándose bien el talón de las medías, Jo se dedicó a observar el rostro de las personas que la rodeaban. A su izquierda, había dos señoras con la frente muy grande y gorros en consonancia que hablaban de los derechos de las mujeres mientras hacían bolillos. Más allá, estaba sentada una pareja de enamorados cogidos tímidamente de la mano, una melancólica solterona que comía caramelos de menta de una bolsa de papel y un anciano caballero que dormía la siesta oculto tras un pañuelo de cuello amarillo. A su derecha solo había un hombre enfrascado en la lectura de un periódico.